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lunes, 13 de mayo de 2013


“Si gritan lo devuelvo…”


Los casos son numerosos, abrumadores, indignantes. Las tasas hipotecarias, las tarifas eléctricas, los precios de la bencina, parafina y del diesel, de las alzas en el pago a las isapres, Johnson, del lucro en la educación. Lo arbitrario, lo unilateral, el abuso se ha impuesto y nos ha consagrado, como rehenes. El correlato de todas esas arbitrariedades y constataciones es el sostenido aumento de las rentabilidades de las empresas dueñas del PIB y el IPSA se porta bien.

La concentración económica chilena permite y facilita aquello: dueños de casi todo el PIB chileno -productos y servicios- poseen a la vez los medios de difusión pudiendo de este modo hacer parecer normal, lo anormal, acallar voces, reclamos, verdades, relegando a las redes sociales a cualquier irreverente mirada distinta. En ese contexto no extraña el que la televisión abierta opte por acosar a Cristóbal (Cisarro) y no a Awad o Paulmann.

En tiempos pre-electorales algunos candidatos intentan sugerir con cierto desgano, recuperar el rol de consumidor activo ya que aparentemente, es la solución a los abusos; pero se trata de alivios momentáneos  como son las campañas y propuestas de ciertos candidatos: nada sacas con bajar la tasa de interés (en educación por ej.) pues las controladores del mercado y las instituciones (incluso cuando funcionan!) tienen numerosas opciones para continuar trasgrediendo umbrales económicos, morales y sociales; ya sea alargando plazos o bancarizándote por otros medios como sugieren ejecutivos bancarios. Y si estas otras opciones no resultan, y si alguien grita, pues como se ha hecho costumbre, lo devuelven.

La opción es no sólo recuperar la condición de consumidor activo y responsable sino recuperar nuestro rol de ciudadano. Como se ha logrado a través de marchas contra Hidroaysén o contra el lucro en la educación y cuyas reivindicaciones hemos hecho nuestras. No es un tema de tasa de interés. Hidroaysén no es manera de tratar nuestras cuencas, la Patagonia y la tierra, y peor aún ni siquiera es solución a nuestros problemas energéticos; y la tasa de interés NO conjuga con una educación de oportunidades y republicana.

Es anormal e inaceptable el que los sectores que "entregan" servicios básicos o públicos, sean los "más rentables": electricidad, aguas, salud, telefonía, etc. En el Chile actual si lo es. Se trata de tarifas reguladas por el Estado al menos para el sector residencial, nuestros hogares. Es el caso de la energía en que el aumento de tarifas eléctricas (5,5% al año) y gasolina, parafina, gas licuado y diesel (por sobre el 10% al año) en estos últimos 30 años supera largamente el aumento de los ingresos nominales en el mismo plazo.

La práctica del abuso de parte de los dueños del PIB chileno se ha impuesto como norma con la complicidad de la Alianza y la Concertación. La transversalidad de los directorios de las empresas dueñas del PIB es fiel reflejo de ello. Más allá de campañas pre-electorales, nuestra candidatura plantea que deben cambiarse las reglas del juego para terminar con el "si gritan lo devuelvo", que ha sido la respuesta a décadas de abusos por parte de los sectores económicos dominantes y de políticos cómplices.

Chile es un país generoso. Sin embargo, la codicia y el dogmatismo lo están transformando en una sociedad de mercado benéfica para unos pocos. Lucharemos con todas nuestras fuerzas, para impedir que Chile se transforme en un supermercado, excluyendo a los ciudadanos donde todo pareciera tener un precio o está en venta.

lunes, 8 de abril de 2013


¿Nuevo Ministro de Energía o Energía de última Longueira?

 
Pablo Longueira es el sexto Ministro de Energía de facto en menos de 3 años. Siete en estricto rigor, si agregamos a Marcelo Tokman, miembro del CADE (Comisión Asesora para el Desarrollo Eléctrico) del gobierno actual. Todos comparten un modelo de desarrollo eléctrico que desde el punto de vista energético, de la competitividad, y ni qué decir de la sustentabilidad, clama por su cambio.

Conocido su prontuario privatizador, el nombramiento de Longueira tiene tres propósitos inmediatos: imponer la “agenda eléctrica” de las grandes eléctricas, “reparar” errores técnicos de parte de los fugaces Ministros que se han sentado en el sillón ministerial y, finalmente, amarrar y fortalecer ciertos nichos estratégicos con medidas irreversibles a meses de una próxima elección presidencial.
 
Sólo cabe a ilusos afirmar en este contexto que Chile tiene política energética. O a los francamente comprometidos con el modelo. Con este modelo. El gobierno actual reprueba en energía: Chile es más vulnerable y dependiente, posee una energía cada vez más cara, el aumento de precios de la energía es sostenido y la carga de ésta en los presupuestos familiares y Pymes se acrecienta. Somos menos competitivos según empresarios mineros, los proyectos se judicializan, las cuencas y territorios comienzan a mostrar signos evidentes de agotamiento y el fomento de las opciones sustentables son meros saludos a la bandera.  
 
También en ese contexto, la obscena colusión entre consorcios y cadenas de la prensa nacional (dos) y “expertos” -casi todos del CADE-, de eléctricas o energéticas, resulta grosera e impúdica. Titulares y editoriales de estas cadenas pregonan con ritmo de letanía: cortes de suministro a la vuelta de la esquina; sugerencias de todo tipo voceadas por responsables de megaproyectos; livianas entrevistas a ex - Presidentes de países vecinos involucrados en juicios por corrupción; cuestionamiento a las causas e incluso el fenómeno mismo del cambio climático; lo caras que son las renovables; pomposos anuncios de medidas y eventos relacionados con el uso eficiente de la energía que ni siquiera rasguñan la matriz energética; insistentes prestaciones de técnicos y académicos nacionales a favor del lobby nuclear, y una larga lista de etcéteras, que resultan francamente irritantes, por lo falsas, orquestadas, erróneas y desinformadoras de la realidad energética nacional e internacional.

El nombramiento de Longueira como Ministro de Energía de facto es acorde a las circunstancias: les queda poco y deben amarrar carreteras eléctricas, interconexiones y megaproyectos. Paradójicamente además, lejos de jugarse en el ámbito técnico como siempre han defendido los técnicos y expertos del CADE, de la Alianza y pías Universidades, se la jugarán en el ámbito político –léase Parlamento– relegando al consumidor y al ciudadano a la categoría de rehén al que nos han conferido las reglas del juego de un modelo de desarrollo energético implantado por más de cuatro décadas.
 
Mal, todo mal: la energía de última hora, es cara, impopular e ineficiente, Ministro Longueira. Eso si, la pagaremos todos los que estamos al frente. O sea la mayoría. Las reglas del juego de los mercados energéticos deben ser cambiadas. Y sus Ministros de facto y defensores del modelo también, para beneficio del país, del medio ambiente, de los ciudadanos y, también, de las empresas eléctricas y la industria nacional, pero sobre bases más justas, equitativas y sustentables.

viernes, 7 de diciembre de 2012


Chile un país sin política energética
La urgente necesidad de cambiar las reglas del juego:
nuestra PROpuesta energética

Marco Enríquez- Ominami
Candidato Presidencial del PRO
Miguel Márquez
Asesor en Energía del PRO

(publicada en El Mercurio, domingo 2 de diciembre)

Chile carece de política energética: el rechazo a Hidroaysén, Barrancones, la judicialización del desarrollo eléctrico que denunciamos desde hace años, los 5 ó 6 Ministros en menos de 2 años y gas, el sostenido aumento de las tarifas eléctricas y de los precios de los derivados del petróleo; la declaración de zonas saturadas o latentes en más de una treintena de ciudades, entre la VI a la XI regiones, el aumento de la dependencia y vulnerabilidad de nuestra matriz y, el aporte creciente  de emisiones de CO2 al cambio climático, son parte de una larga lista de hechos que dan cuenta de la ausencia de política energética y de propuesta estratégica alguna. Esta falta de política energética no se transforma en colapso cada 4 años porque el costo de éstas las pagan las Pymes, la gente y el medio ambiente. El marco regulatorio, heredado de la dictadura y prácticamente inalterado durante los gobiernos democráticos, se ha encargado de consolidar(nos) como rehenes en lugar de consumidores o ciudadanos.

 
Proponemos: cambiar el más vendo más gano hoy imperante por el mejor usamos la energía más ganamos todos, cambiar el tarifado y procesos de formación de precios de la energía (incluyendo el SIPCO), el masivo fomento de las energías renovables (a diferencia del actual gobierno que desconoció sus propuestas iniciales del 20% a 2020), cambiar los métodos de evaluación ambiental de los megaproyectos energéticos, sentar las bases para un cambio de la matriz energética, sucia y cara, por otra limpia y menos vulnerable, y, finalmente, fomentar una participación informada de la gente en la toma de decisiones respecto de éstos. En suma, proponemos cambiar las reglas del juego de los mercados energéticos, única opción de enfrentar adecuada y oportunamente los desafíos energéticos, ambientales y de competitividad.

Nuestra propuesta tiene los siguientes objetivos: i) asegurar un abastecimiento oportuno y a costos razonables; ii) reducir la vulnerabilidad y dependencia; iii) mejorar la competitividad; iv) incluir y considerar los impactos ambientales en los precios de la energía; v) transparentar mercados energéticos y fomentar la competencia; vi) contribuir a la equidad y facilitar el acceso a la energía a los sectores desfavorecidos de la población, vii) estimular y fomentar la participación informada de la gente, y finalmente, viii) asegurar liderazgo del Estado y establecer una mayor simetría y coordinación entre políticas económicas, ambientales y energéticas.

Para el logro de estos objetivos destacamos las siguientes medidas:
1.                  Negawatts o Negajulios, más con menos: será punta de lanza de nuestra política energética, el uso eficiente de la energía y las energías limpias y verdes, de las que destacan la gestión de la demanda y especialmente las medidas de carácter estructural que apuntan al cambio en los patrones de consumo energético.
2.                    Suministro de energía seguro basado en energías convencionales y no convencionales:se establecerán los instrumentos de mercado y de política de fomento para asegurar la transición de una matriz sucia, cara y dependiente en el suministro de energía de fuentes convencionales a nuevas fuentes de energía que nos permitan instalar una matriz limpia y a costos razonables. Un 30% de la matriz energética al 2025 estará basada en energías renovables.
3.                  Programa de Leña Sustentable: que cubrirá al 2025 la mayor parte de los requerimientos de calefacción y agua caliente de las regiones VI a la XI. En 4 años lograremos desarrollar modelos de gestión de la calefacción y del agua caliente que permitirá sacar a la mayor parte de las ciudades y localidades declaradas zonas saturadas o latentes por partícula fina y gruesa derivado del uso de leña húmeda y de estufas ineficientes en viviendas mal aisladas.

4.                  Programa de Transporte  Sustentable: Nuestro foco estará puesto en el transporte público de la RM y de provincias. Al 2030, el transporte será el sector responsable del 40% del consumo de energía y nadie en Chile evalúa de manera rigurosa las opciones que tenemos, por ello sentaremos las bases  para el desarrollo de un sistema de transporte sustentable, fomentando proyectos pilotos a partir de nuevas tecnologías, modelos de gestión y de negocios, a partir de nuevas fuentes de energía, como el hidrógeno, así como la adopción de instrumentos de desarrollo urbano y espacial que considere la energía y el medio ambiente en los sistemas de transporte público y privado.

5.                  ENAE: Impulsaremos la creación de la Empresa Nacional de Energía que tendrá como objetivo esencial “abrir” mercados y desarrollar nuevas tecnologías y fuentes de energía para luego estimular la entrada de privados (Pymes).

6.                  Investigación y Desarrollo (I&D):  instalaremos condiciones sin precedentes para mejorar, crear y desarrollar nuevas fuentes de energía y nuevos materiales, nuevas miradas y nuevos modelos de negocios, mejores y más transparentes mercados así como personal científico y técnico para el desarrollo de estas nuevas opciones.

La experiencia a nivel mundial, en especial de los países de la OCDE, dan cuenta que las verdaderas y más eficientes respuestas a los desafíos energéticos y ambientales no se encuentran necesariamente en una mayor oferta de energía, sino en el tipo de ciudades que alentamos erigir, en las construcciones térmicamente eficiente que propiciaremos, así como los cambios de procesos que fomentaremos a nivel industrial y minero. No habrá cambios en las reglas del juego en los mercados energéticos nacionales sin cambio de responsables de la política energética que luego de más de 40 años, han sido incapaces de asumir responsablemente los desafíos ambientales, de desarrollo, de equidad y de competitividad que reclama una energía limpia, accesible, segura y de costos razonables.

miércoles, 31 de octubre de 2012

Matías colabora desde hace poco como investigador en la Universidad de California, Berkeley, y obtuvo su Phd hace sólo semanas. El presente artículo sólo duró un día en la sección blog de la Tercera, coincidiendo con un segundo editorial en ese diario favorable a esta (n)opción.
 

CHILE Y LA OPCION NUCLEAR

 
Matias Negrete-Pincetic,

Ph.D. en Ingeniería Eléctrica,

University of Illinois at Urbana-Champaign

Investigador, University of California, Berkeley.


Sumado a una seguidilla de desafortunadas decisiones tomadas por el actual gobierno en temas energéticos: modificar la promesa de tener una meta para ERNC de 20% a 10% al 2020, reducir el presupuesto de la agencia de eficiencia energética, y proponer un plan para el desarrollo eléctrico sin objetivo estratégico concreto, se suma el anuncio de retomar los estudios para implementar la energía nuclear para la generación de electricidad en Chile.

Este anuncio ha sido recibido con aplausos por diversos sectores que siempre han presentandola idea de una planta nuclear en Chile como una de las posibles soluciones a todos nuestros problemas eléctricos. Lla atención la simplicidad y falta de humildad con que se emiten opiniones en un tema tan complejo como este que va mucho más allá del simple suministro eléctrico.


Mientras lo anterior sucede en Chile, el mundo está claramente moviéndose en otra dirección. En el caso particular de la energía nuclear, países como Alemania, Suiza, Bélgica e incluso Japón han entrado en una fase de reducción de su dependencia nuclear. En el caso alemán, por ejemplo, el objetivo impuesto es cerrar todas las plantas el 2022. De igual manera, la planificación y diseño de los sistemas eléctricos y de energía está sufriendo grandes cambios en sus paradigmas: moviéndose desde la idea de grandes plantas y generadores al nivel de transmisión, a generación distribuida, más cercana a los centros de carga y situada al nivel de la distribución; donde la aplicación de tecnologías de la información permitirán un control en tiempo real, haciendo más eficiente la operación e integración de fuentes renovables y sustentables. La implementación de estas tecnologías en el mundo industrializado ha hecho posible el surgimiento natural de nuevos modelos de negocios, donde por ejemplo, la participación activa de la demanda se incentiva y se fomenta.


En Chile, sin embargo, la opción continúa siendo la construcción de mega-centrales de todo tipo y en particular ahora nucleares, como la gran  solución a nuestros problemas energéticos. De paso, seguir con un diseño de mercado enfocado principalmente en la oferta, generando el perverso incentivo de “mientras más vendo, más gano”. El “mejor usamos la energía, más ganamos todos” no es algo incentivado en el actual modelo.


Los argumentos del porqué nuestro país no debiese considerar la energía nuclear son múltiples. Sin embargo, una de las razones más simples, pero a la vez profundas, esta basada en lo complicado de cuantificar el riesgo real de falla de un sistema altamente complejo como una planta nuclear, instalado en el país más sísmico del mundo.Muchos pregonan un falso estado de seguridad, usando “estadísticas” y análisis de riesgo disponibles como justificación. Sin embargo, es necesario mencionar, que expertos en el área de análisis de riesgo debaten incluso en la actualidad acerca de la real validez de dichos estudios, y el especial cuidado que hay que tener al interpretarlos.

 
Análisis de desempeño o riesgo usando modelos probabilísticos son generalmente buenas herramientas cuando estamos lidiando con incertezas, costos y beneficios relacionados a eventos frecuentes: tráfico en redes, colas en un banco, llegadas y salidas de buses, consumos eléctricos, etc.Sin embargo, en el terreno de eventos con bajísima tasa de ocurrencia, donde no solo las incertezas sino que también la ignorancia está muchas veces presente (ni siquiera sabemos que no sabemos), la obtención de los elementos necesarios para realizar dichos análisis es prácticamente imposible, resultando en que cualquier análisis probabilístico o de riesgo en estas circunstancias sea bastante cercano a un ejercicio de clarividencia.

 
Pero, ni siquiera es necesario pensar en un escenario catastrófico tipo Fukushima o Chernobyl, para evidenciar los riesgos de una planta nuclear en Chile. Hay argumentos asociados con la seguridad de suministro, la operación de los sistemas eléctricos, y la viabilidad económica que deben ser considerados e entregados a la opinión pública.


Lo que la evidencia empírica muestra es que la mayoría de las veces que las plantas nucleares han sido expuestas a sismos de importancia han tenido problemas. Estos problemas no significan grandes accidentes o catástrofes, sólo que la planta al ser un sistema altamente complejo, queda fuera de operación por un largo tiempo. Ya Japón tuvo serios problemas en un recinto nuclear con un sismo 6,6 hace unos años. Dicho complejo estuvo fuera de servicio alrededor de 2 años. ¿Acaso alguno de los que apuestan con tener plantas nucleares en Chile, han considerado lo poco robusto y confiable que sería el sistema eléctrico en esas condiciones?¿Que pasaría en un sistema de escala tan reducida como el chilenosi dejamos fuera de servicio por varios años plantas de gran capacidad, sacando grandes bloques de suministro por largo tiempo? ¿Quién se haría cargo de la crisis energética que eso produciría? ¿Y de tales costos?


Todos los argumentos anteriores, se suman a otros ampliamente reconocidos: los casi inmanejables costos de inversión los cuales la mayoría de las veces sobrepasan en varias veces las estimaciones iniciales, el manejo de residuos que exige vigilancia a perpetuidad, el perfil estratégico militar que eventualmente esta opción pudiese tener, el impacto de ser un “país nuclear” en otras industrias como la agroalimentaria, y finalmente la dependencia en tecnologías, infraestructura de manejo de crisis y suministro de combustible que Chile no dispone.


¿Realmente queremos como país embarcarnos en una tecnología de estas características, desacoplada de la tendencia en sistemas de energía, cara, riesgosa y ciertamente no sustentable?
 

Muchos dirán, pero son solamente estudios!, no debemos cerrarnos a estudiar. Esto es, en general, verdad. Sin embargo, en este caso en particular, ¿No es acaso mucho más sensato enfocar los escasos recursos que el país invierte en investigación y desarrollo, y destinarlos al desarrollo de tecnologías sustentables, cada vez más competitivas, donde Chile tiene realmente todo un potencial esperando ser desarrollado? ¿No es el problema energético de Chile también una gran oportunidad para empezar a desarrollar una industria avanzada y aspirar a ser líderes en el desarrollo de conocimiento, tecnologías y modelos de negocios asociados a estas materias? Lo que el gobierno decida hoy en materia energética tendrá repercusiones en el desarrollo energético e industrial de Chile por varias décadas. Esperemos, y es bueno ser optimistas, que puedan estar a la altura.



 
 


 

jueves, 20 de septiembre de 2012

Del 20% al 10% de energía renovables al 2020: Chile no inventa, ni siquiera reinventa, sólo retrocede…y unos cuantos mienten.

Con este cambio brutal de objetivos los responsables directos e indirectos de las políticas eléctricas, desconocen promesas y ocultan sus propias ineficiencias. Los tiene  sin cuidado. Total controlan los medios. Y no es la primera ni será la última vez de parte de un gobierno en estas últimas tres décadas. Así se incuba la indignación.

El 1° de los ministros de Energía de este gobierno, Rainieri, y el 4° de esta dinastía, Álvarez, refrendaron explícitamente sendos compromisos respecto de impulsar un 20% de energías renovables en la matriz eléctrica al 2020. No podía ser de otro modo pues en campaña presidencial así lo prometían: “…uno de los objetivos de nuestro Programa de Gobierno es aspirar a que al año 2020 más del 20% de la matriz eléctrica chilena derive de las energías renovables, limpias no convencionales” (Programa de Gobierno para el Cambio el Futuro y la Esperanza, 2010 – 2014, p49).

Mientras los chilenos celebraban fiestas patrias, ese compromiso fue disminuido a un 10%. Golborne, el 3° de 5 ministros de Energía en dos años, ya antes sugería bajar esa meta “y ser realistas” porque “las renovables eran más caras”. Eso no le impedía el 2011 –si de opciones caras se trata- lanzar premonitorias necesidades de suministro eléctrico basadas en la opción nuclear y considerarla como una de las opciones a fomentar en Chile. Días antes de Fukushima por supuesto.

¿Qué es más grave? ¿Que no se cumpla las promesas de campaña? ¿Qué se mienta? ¿Qué se confiesen propias ineficiencia? ¿Que Chile sea más dependiente, más vulnerable y compre la energía (y venda a sus ciudadanos) cada vez más cara?

Es probable que en el campo de la energía, confundido con el tema ambiental, por razones ciertas y objetivas, pero ambiguas, y que desorienta la acción política y programática, no exista en estos años mayor regresión desde el punto de vista de la política pública y de la necesaria mirada de futuro de las políticas de Estado.

Reemplazadas éstas por las imposiciones de rentabilidad de las empresas, eléctricas, gaseras, del petróleo y de las mineras, se impone el corto plazo en desmedro de las verdaderas opciones. Se posterga la investigación y desarrollo en nuevas tecnologías; se desconocen las necesidades de cambiar los modelos de negocios, las reglas de mercado y lo que es peor simplemente se desdeñan las opciones que derivan de políticas energéticas de largo plazo, menos onerosas, más conscientes de la necesidad de cuidar nuestros ecosistemas, mares, cuencas y de la calidad del aire de nuestras ciudades.

Sin pudor alguno se cambian promesas de campaña. La respuesta a las preguntas hechas más arriba es una sola: es grave que no se cumplan las promesas e igual de grave que apuesten por un Chile más dependiente, más vulnerable, menos competitivo y tengamos que pagar tales errores y falta de visión por varias generaciones.

lunes, 17 de septiembre de 2012

El mundo (desarrollado) cierra las plantas nucleares y la
Comisión Asesora para el Desarrollo Eléctrico (CADE)
del gobierno las mantiene como opción en Chile.

La noticia en estos días dice: “El Gobierno de Japón decidió hoy establecer el objetivo de abandonar la energía nuclear en la década del 2030, en medio del debate sobre la seguridad de las centrales atómicas tras el accidente en la planta de Fukushima en marzo de 2011”. Ya antes, se habían sumado: Suiza, Italia (ambos vía referéndum), Bélgica, Alemania, Suecia. Francia largamente dependiente de ésta, reducirá del actual 75% a un 50% al 2020. Y no son los únicos.

El Informe del CADE que asesora al gobierno de Piñera señala textual en relación a centrales nucleares: “En este sentido, un PNP (Programa Nuclear de Potencia) sería un seguro estratégico que permitiría garantizar el suministro de energético sustentable” (p.172. Resumen del Informe Ejecutivo). El CADE está conformado por los mismos de la carretera pública eléctrica y de la mantención de las reglas del juego en el mercado eléctrico que nos lleva de crisis en crisis cada 4 años. No podría ser de otro modo pues se trata de ex ministros, asesores de eléctricas y mineras, y académicos “apoyados” por estas mismas empresas para que justifiquen opciones tomadas de antemano. El actual estado de cosas, las reglas del juego del mercado eléctrico, es demasiado rentable como para permitir su cambio.

El propio Presidente Piñera declaró el 2011 que: “no construirá ni decidirá  plantas nucleares durante su gobierno” (el promedio en el mundo para su construcción toma…entre 20 y 30 años y normalmente 10 a 15 veces los presupuestos originales) pero, señaló, se continuará con “estudios para conocer mejor esa energía, en capacitar mejor a nuestro ingenieros y en perfeccionar nuestra institucionalidad”, en la misma tónica del gobierno de Bachelet que durante su campaña presidencial firmó un acuerdo de rechazo a esta opción y con los mismos subterfugios de hoy terminó concediéndole su apoyo de facto. O al menos así actuó diligentemente el Ministro Tokman y sus asesores.

La lista de admiradores de la opción nuclear en Chile es larga: Gilisasti, la Sofofa, las mineras, El Mercurio, La Tercera, varios ex funcionarios de la Concertación y Golborne, si, si, el mismo pre-candidato presidencial de la derecja quien hablaba maravillas de la opción nuclear en TVN, desde Francia y Bélgica…días antes del desastre de Fukushima?

¿Será necesario insistir que es una opción que debe ser enterrada y confinada a perpetuidad como sus propios residuos? En Chile nunca se sabe, pues pese a las evidencias de que vamos para otro lado que el mundo desarrollado, se mantienen acá los incrédulos respecto de lo que pasa en el mundo de la energía, por ello se debe insistir y denunciar la opción nuclear. Andrés Concha de la Sofofa por ejemplo, niega el cambio climático (El Mercurio, 6 de febrero del 2012) pero participa activamente en los ejercicios oficiales inútiles y sin futuro por mejorar la imagen de la industria chilena respecto de su creciente huella de carbono y de agua. Digno de ripley!

Lo preocupante en este panorama positivo en el mundo de cierre de centrales nucleares, es que en Chile, (país telúrico) los mismos –o casi- que preconizan esta opción, son los que se arrogan decisiones inconsultas como la carretera eléctrica pública, el cortoplacista SIPCO, centrales a carbón a lo largo del litoral y ahora último, cómplices de quienes han reducido el compromiso público de este gobierno del 20% de renovables en el suministro de electricidad al 2020, a un escuálido 10%. Grave para Chile, desde el punto de vista de la seguridad de suministro, de su competitividad y del estilo y forma de desarrollo. La errónea medida y su falta de visión, se suma a la disminución del presupuesto del 2012 respecto del uso eficiente de la energía, principal opción para enfrentar el suministro de energía en países desarrollados.

Imposible confiar en ese grupo del CADE que justifica hasta con segunda derivadas opciones obsoletas, peligrosas, antidemocráticas y onerosas. Peor aún, se hace política pública y se aprueban proyectos de ley en pocas semanas y que habrá que asumirlas y pagarlas por décadas y generaciones.

jueves, 13 de septiembre de 2012

EL SIPCO Y LA LÓGICA DEL ARREGLO DE ESTANTERIA.
Miguel Márquez Díaz
energiainteligente Ltda.
http://eneenergia.blogspot.com
El Congreso aprobó el cambio al SIPCO. Se impone la discrecionalidad en el manejo del instrumento de Protección al Consumidor al Precio de los Combustibles. Monárquico. Falaz.  En su esencia se impone el cambio de estantería (a lo Parisi) para solucionar problemas estructurales. La decisión es pan para hoy y precios altos para mañana. Es cosa de semanas, meses en el mejor de los escenarios, pues el crudo se agota y su precio aumenta. Por cambio de estantería me refiero a que se cambian los márgenes de precios (mínimo y máximo) de 12,5% a 10% y reduce la vigencia mínima del período de promedio del precio de paridad de importación, de 3 meses a 4 semanas. En claro: el mecanismo operará según la voluntad de Hacienda y de los partidos de la Alianza y pondrán para ello un poco más de dinero para el subsidio al precio.
Lo que no se dice es que: 20% de la población seguirá pagando el grueso del impuesto específico; que una pequeña parte de ese 20% recibirá un bono con fuerte olor a electoral; que los grandes consumidores (mineras, navieras, forestales, etc.) podrán continuar recuperando buena parte del impuesto.

Y aunque Ud. no lo crea se trata de un impuesto a la energía. Pero de verdad los cambios acaban de consagrar que de energía no tiene ni enfrenta nada: los aumentos seguirán a un ritmo, probablemente más o menos pausado, según deseen los grandes productores/consumidores de crudo; la carga tributaria la seguirá pagando Ud y yo, el colectivero y el camionero, y seguirán siendo exentos los grandes consumidores; se seguirá importando crecientemente petróleo y derivados sin entregarse señal alguna de moderar/ahorrar energéticos de los que carecemos. ¿Cómo conciliar esto con los alarmantes llamados de dirigentes empresariales energéticos y mineros particularmente, ante la pérdida de competitividad del país por el costo de la energía? Señalo que el consumo de petróleo y derivados en términos físicos es más del 50% del consumo energético del país, ó 2 a 3 veces más que la electricidad!

¿Y de ambiental que tiene este arreglo de estantería? Nada. Se mantiene el “subsidio” a combustibles contaminantes y se entregan bonos con un costo social y ambiental elevado. El Congreso y el Ejecutivo, ambos, han sido consecuentes con lo que ha sido su línea en estas últimas décadas: ineficaz y corto placista desde el punto de vista energético, inequitativo desde el punto de vista social y regresivo en términos ambientales. Uff! Por lo menos existe la Corte Suprema, quien lo diría!
Y para los de espíritu crítico vean nuestra propuesta en mi blog: GEPCO + FELPAS. La alternativa existe y es buena para todos.