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jueves, 5 de septiembre de 2013


La electricidad en Chile: ¿a las puertas del apocalipsis?

 
Miguel Márquez Díaz, Director Ejecutivo energiainteligente Ltda.

Matías Negrete Pincetic´, Profesor Dpto. Ingeniería Eléctrica PUC

Héctor Pulgar Painemal, Profesor Dpto. Ingeniería Eléctrica UTFSM


Durante las últimas semanas (2013) y con la connivencia de los principales medios de comunicación nacional, se ha presentado el status energético (eléctrico) chileno casi a las puertas del apocalipsis. Se pronostican apagones, alzas en las tarifas, pérdida de competitividad y un futuro a oscuras.

Lo grave no sólo es la dramática situación eléctrica descrita sino el lenguaje y cuñas utilizadas: “transversalidad”, “técnicos”, “expertos”, etc., lo que se explica esencialmente por dos razones: la supuesta amplitud ideológica de las advertencias catastróficas; y, la también supuesta calidad de los argumentos, con lo que dicho sea de paso, se descalifica cualquier respuesta que se desmarque del statu quo. Así, se presenta como única solución mejorar el actual modelo de desarrollo eléctrico y esencialmente, los procesos de aprobación de proyectos que coincide con la agenda de las empresas eléctricas controladoras del mercado. En resumen, el mismo modelo basado en la expansión cuantitativa de la oferta con tecnologías convencionales.

¿Será necesario señalar que la mayoría de quienes promulgan y promueven este apocalipsis y soluciones ad-hoc, no sólo callan una larga lista de opciones distintas, propias de la gran mayoría de los países de la OCDE[1], sino que además por décadas han participado en la creación y/o implementación de la actual política energética (eléctrica) chilena y por ende responsables de sus aciertos y fracasos?

¿Cuál apocalipsis: eléctrico o energético?

El país vive un periodo complejo en el tema energético y no sólo eléctrico, pero por razones distintas a las esbozadas por los sectores aludidos. En efecto, Chile hoy es más vulnerable y dependiente que años previos (Balance de Energía, BNE, 2011): nuestro país importa más energía, paga más por ella y lo que es peor tarda en adoptar soluciones que enfrenten de manera eficaz el reemplazo de hidrocarburos (más del 80% de nuestra matriz) que no poseemos y que además se agotan. El gran porcentaje de la población, en especial sectores más vulnerables, paga cada vez más por su energía. Acorde a cifras del Ministerio de Energía, el aumento de precios y tarifas en estos últimos 20 años supera el 10% al año en el caso de los derivados del petróleo y 6% en el caso de la electricidad[2]. Paralelamente, acorde a cifras del Ministerio del Medio Ambiente, el costo en salud pública y privada por partículas asociadas al uso de la mala leña (húmeda) supera los 4.000 millones de US$ (fines del 2012), calificando de zonas saturadas y/o latentes a más de 30 ciudades del centro/sur de nuestro país. La leña, acorde al BNE, cuenta por aproximadamente el 59% del consumo energético de los hogares chilenos en promedio, y más del 70% desde la VI a la XI Regiones.

El actual y los últimos gobiernos del país no han perdido oportunidad alguna para firmar cuanto tratado ha surgido de manera de frenar el aumento dramático de los gases de efecto invernadero (GEI). Lo que extraña es que la matriz energética chilena, en especial en el ámbito eléctrico, es una de las que acusa el mayor aporte per cápita a los GEI en la región[3]. Más aún, se exacerba esta incongruencia al aprobar incansablemente centrales termoeléctricas a carbón; sin duda, una figura de doble estándar escandalosa. Tal postura ha sido justificada por organismos patronales y universidades nacionales, que en la prensa nacional presentan argumentos que van desde la negación del cambio climático[4] hasta la falta de responsabilidad de los países desarrollados[5].

No obstante, estos serios y graves problemas, además de muchos otros temas relevantes que por razones de espacio omitimos (ENAP virtualmente quebrada, acotada investigación y desarrollo en energía, entre otros), no están en la agenda ni de las empresas controladoras de los mercados ni de aquellos que constantemente nos recuerdan que estamos ad-portas del apocalipsis eléctrico.


De sonar las trompetas del apocalipsis, sería por las reglas de juego imperante y la falta de política energética

Todos y cada uno de los problemas antes mencionados, así como otros de menor envergadura, es el resultado del modelo implementado en Chile desde hace más de tres décadas.

 
La experiencia de privatización de la industria eléctrica en el mundo ha sido al menos controvertida. No existe consenso acerca de sus reales impactos. Ni en términos de innovación ni de disminución de costos y simultáneamente, de un mejor acceso, comparado por ejemplo con la desregulación de las comunicaciones.

Chile es un claro ejemplo de implementación de un mercado eléctrico que no garantiza precios competitivos[6]. En países como Gran Bretaña, contemporáneo a nosotros en la privatización de los sistemas eléctricos, se han realizado al menos en dos ocasiones cambios profundos a lo largo de tres décadas. Por ejemplo, una diferencia radical con nuestro país es que UK estableció serias restricciones a la proliferación de centrales a gas natural ante la posibilidad de falta de suministro, pese a que eran productores. Chile en cambio, que carecía de gas natural (lo de Magallanes era insignificante y hoy casi inexistente) las fomentaba. Los responsables de nuestra política eléctrica designaron al corte de gas natural argentino como culpable de nuestros subsecuentes problemas eléctricos y de racionamiento.

 
Chile carece de política energética e incluso de política eléctrica. Lo importante, en un mercado eléctrico como el chileno es vender y consumir MWhs, sin importar en qué ni cómo se usen esos MWhs. Con ese objetivo una política de oferta eléctrica basado en la expansión física del sistema es perfectamente funcional por errada que sea. Surgen dos preguntas fundamentales que pocos promulgadores del apocalipsis se hacen respecto de esta política de oferta: ¿a qué costo? y, ¿quiénes han recibido el beneficio realmente? La respuesta a la primera pregunta está a la vista: poseemos las tarifas eléctricas más caras de Latinoamérica y una de las más caras del mundo, severos impactos ambientales y uno de los principales aportadores de emisiones de GEI, partículas y precursores de ozono troposférico, crisis eléctricas y riesgo de racionamiento cada 5-10 años, fenómenos que forman parte de una lista negativa más larga aún. La respuesta a la segunda pregunta es que ciertamente no es el ciudadano, el medio ambiente o la industria nacional, ésta última, que ha visto perder competitividad al verse expuesta a tarifas cada vez más altas. Los grandes beneficiados de este actual modelo son precisamente las empresas eléctricas, cuyas rentabilidades han crecido sistemáticamente durante los últimos 30 años. La conclusión que se impone y que eluden los responsables de las políticas de oferta eléctrica es que los altos costos de esas tarifas son el resultado natural de la elevada concentración[7] y falta de competitividad del mercado eléctrico chileno.


Tan bueno ha sido el negocio que pese a sismos, sequías, crisis asiáticas o europeas o económicas de cualquier tipo, las rentabilidades se mantienen sostenidamente al alza en Chile[8]; superando holgadamente, tasas normales de rentabilidad en estos mercados a nivel mundial.


De no asumir –los responsables de la política energética así como las empresas energéticas, ambos en primera línea- los necesarios cambios tecnológicos, de instaurar nuevos modelos de negocios (en que ganen todos) y en suma, de nuevos esquemas de funcionamiento de los mercados, nuestros hijos y nuestro medio ambiente pagarán cada vez más por la energía que requerirán. Salvo que la ciudadanía, utilice su legítimo derecho de movilización tal cual lo ha hecho contra Hidroaysén,  las centrales a carbón y la nucleoelectricidad[9].

ERNC: ¿caras?, ¿marginales?

La falta de visión y de prospectiva queda de manifiesto al evaluar la propuesta de las eléctricas para las eléctricas y asumidas por los medios de prensa, las organizaciones patronales y los expertos dispuestos a justificar tales propuestas: mega proyectos de tecnologías convencionales de lo que sea: mega-centrales hidroeléctricas, grandes centrales térmicas e incluso centrales nucleoeléctricas[10] que lejos de “solucionar” los desafíos de suministro, de costos y ambientales agravan el problema. La falta de visión y sesgo es incluso más evidente al mencionar, si es que se mencionan, la lista de opciones asociadas a las ERNC, la eficiencia energética, redes inteligentes, micro redes, cogeneración, como opciones marginales o sólo de interés académico a nivel nacional. En el caso de las ERNC, éstas son descalificadas incansablemente por sus supuestos altos costos y desafíos técnicos debido a la intermitencia y no despachabilidad[11]. Sin embargo la realidad es otra. Todas y cada una de estas tecnologías y esquemas son alternativas técnica y económicamente viables en la actualidad. Un dato: de los 208 GW de potencia instalada a fines del 2011 en el mundo, más de la mitad (116 GW) correspondieron a energías renovables (se excluye grandes centrales hídricas). La cantidad total de producción eléctrica de ERNC instalada en el mundo produce 6.300 mil millones de kWh más del doble de lo que producen las 439 centrales nucleares en servicios[12].  Irrefutable. El mundo va sin duda en otra dirección que aquella que sugieren las eléctricas.


Eficiencia energética: una opción insoslayable

En el caso de la EE el sesgo ideológico es peor aún. Acorde a estudios nacionales[13], las potencialidades de ahorro por sectores son elevadas pudiendo aportar en el caso de la electricidad, entre 15 y 20% del consumo base de energía[14]. Los beneficios adicionales además, hacen de esta verdadera fuente de energía insuperable en términos de opción económica, energética, política y ambiental. Acorde a un estudio realizado por la Universidad Federico Santa María y de Chile, (se) estimó un menor gasto (en generación) de alrededor de 9.500 millones para el período 2010-2020; una reducción de un 20% (de consumo de energía) y reducción significativa por costos ambientales evitados a nivel local y global[15].  

El impacto y rol central de la EE, es reconocido por las grandes potencias. En palabras textuales del nuevo secretario de energía de los Estados Unidos, Ernest Moniz: “Realmente no veo soluciones a nuestros problemas energéticos y ambientales sin un activo rol de la demanda, es por esto que es lógico enfocarse en eficiencia energética[16]. Un ejemplo de dichos impactos es el estado de California en Estados Unidos. Tales esfuerzos de política deliberada en EE han logrado tarifas eléctricas más bajas, la necesidad de un menor número de nuevas centrales de generación y un estancamiento en los consumos per cápita de electricidad respecto al resto de los Estados Unidos[17].

A diferencia de los países de la OCDE, Chile carece de política de uso eficiente de la energía; ello se manifiesta en un presupuesto anual decreciente[18], ausencia de metas globales, sectoriales y de instrumentos impositivos, de fomento u otros que orienten e incentiven las inversiones en este ámbito. En ausencia de una política de EE el consumo de energía por unidad de producto se mantiene o aumenta, nuestra dependencia se profundiza y nuestra competitividad se deteriora.


Condiciones para una propuesta a la transición y de largo plazo que excluya el apocalipsis.

 
Tenemos una matriz energética sucia, vulnerable y de alto costo. Nuestro objetivo como país debiese ser transformarla en competitiva, robusta y sustentable. Esta transformación, evidentemente, no es inmediata; se requiere de un plan que gradualmente modifique las carencias del sistema eléctrico actual y que lo potencie para enfrentar de mejor forma el futuro.

 
Así como hemos sido claros en señalar las causas y problemas que enfrentamos en el tema energético, somos igualmente claros en señalar que los desafíos en el corto y mediano plazo, no se resolverán solamente con ERNC o EE. Centrales térmicas e hídricas funcionando y otras bajo proceso de evaluación, seguirán siendo parte de nuestra matriz en el corto y mediano plazo. De manera de enfrentar esta realidad de la mejor manera posible, es necesario impulsar un plan de transición de un periodo de 4 a 8 años.

 
Paralelamente a asegurar el suministro, el plan de transición debe ser el impulsor de una real política energética impulsando cambios profundos al modelo actual. Debemos cambiar “el más vendo, más gano” por el “mejor usamos la energía, más ganamos todos”. Lineamientos, medidas y propuestas que nos parecen fundamentales, sin ser todas las posibles, que dicho plan de transición debiese hacerse cargo, incluyen:

 
1.    Rol del Estado La naturaleza del proceso de generación, transmisión y distribución de la electricidad así como los desafíos asociados a la seguridad de suministro y acceso a la energía y cambio climático, impone grandes desafíos en el diseño de los mercados eléctricos; exige además un ente regulador adecuado, capaz incluso de intervenir abriendo mercados, participando con nuevas tecnologías y proyectos demostrativos. El Estado debe asumir un rol decisivo en la definición de la matriz eléctrica mediante instrumentos de mercado que sean claros, eficientes y un diálogo fluido y de cooperación con el sector privado.

2.    Comité público-privado Se propone la creación de un Comité público-privado para definir las inversiones en transmisión, generación y EE, con decisiones vinculantes, replicando los beneficios de una planificación centralizada como Brasil, México, Costa Rica. Los proyectos de generación y transmisión serán licitados de forma competitiva y ejecutados de forma coherente, simultánea y supervisada por el Ministerio. Esto asegurará retornos adecuados para los inversionistas y la obtención de objetivos en términos de suministro confiable, eficiente y sustentable. Este comité público-privado liderará el diseño e implementación del plan de transición previsto para enfrentar los desafíos de los próximos 4 - 8 años.


3.    Ordenamiento Territorial: Se requiere de propuesta de ordenamiento territorial que en función de vocaciones, capacidades y recursos locales, se viabilice la instalación de centros de generación, reduciendo  la incertidumbre a inversionistas. Será también rol del ente regulador establecer los mecanismos y metodologías adecuadas y efectivas que consideren en etapas tempranas la participación ciudadana.

4.    Mercados energéticos eficientes y competitivos. Nuestros mercados energéticos son altamente concentrados. Se deben establecer nuevas reglas que los regulen, por ejemplo, estableciendo cuotas máximas de participación para proteger la competencia. Los mercados se deben diseñar alineados con la nueva realidad tecnológica; por este motivo, es imperioso una nueva definición de los productos energéticos de manera de valorar (y pagar) los diversos atributos de las nuevas tecnologías. Este nuevo diseño del mercado también debe considerar un mayor rol de la demanda, fomentado el uso de la energía en horas de bajo consumo, el uso de la generación distribuida mediante ERNC, cogeneración y de redes inteligentes.

5.    La EE y las ERNC como punta de lanza de una verdadera política energética plena de I&D.  Se requieren de mecanismos efectivos, sectoriales, anuales y monitoreables para la promoción de la EE. Los grandes consumidores intensivos de energía, por ejemplo las mineras, tendrán la obligación de implementar medidas de mitigación para reducir pérdidas y mejorar agua y energía. Una línea vital para el fomento, tiene que ver con el desarrollo científico y tecnológico en materia energética. Chile es un laboratorio natural a gran escala para el desarrollo de nuevas tecnologías, sistemas de operación y modelos de negocios asociados a las ERNC. En esta misma línea, resulta fundamental crear nuevos instrumentos para fortalecer la cooperación industria-academia.

6.    Subastas para ERNC: Un instrumento exitoso en América Latina para impulsar las energías renovables es el de las licitaciones por tecnologías (Brasil, Perú, Uruguay[19]). Chile debe reformar la Ley 20.018, Ley Corta II, para estandarizar las bases de licitación de suministro eléctrico y asegurar bloques específicos por tecnología. Las metas de energía renovable deben incrementarse sustancialmente al año 2025, probablemente por sobre un 30% y el Estado debe invertir directamente en la exploración de nuevas fuentes como por ejemplo, geotermia, hidrógeno, mareomotriz y licitar proyectos con potenciales de explotación establecidos, servidumbres para unidades y líneas de transmisión pre-definidas y productos de licitación determinados acorde a las características de las ERNC y licitados de forma oportuna (3-5 años plazo).

 
Epílogo: el apocalipsis eléctrico no será cierto, a condición de adoptar opciones menos onerosas, más democráticas y amigables para todos.

Chile no enfrenta un apocalipsis eléctrico, enfrenta una situación energética compleja producto de erradas decisiones de los últimos 30 años que exige no dilatar el cambio en las reglas de juego del mercado eléctrico. Las rentabilidades, moderadas esta vez, deben ir de la mano de cambios en que ganen todos, que fomenten y propicien nuevos competidores y opciones tecnológicas en la cuales poseemos ventajas competitivas enormes, cambios en que las energías limpias y renovables, no sólo constituyan una respuesta a los desafíos energéticos sino se transformen en una verdadera vocación del nuevo perfil de desarrollo nacional.


BIOGRAFIAS

Miguel Márquez Díaz, Ingeniero Comercial, mención Economía. Universidad de Concepción, Chile. D.E.S.S. (Diplôme d’Études Supérieures Specialisées) en Évaluation de Projets et Développement Industriel. Paris I-Panthéon-Sorbonne, París, Francia. Diversos proyectos empresariales asociados a solar térmico, secadores de leña, asesorías diversas en eficiencia energética y mejor tarifa. Ha trabajado en: Programa de Investigaciones en Energía (PRIEN), Universidad de Chile. Consultor de CEPAL/NU, PNUD. Profesor Adjunto del Instituto de Economía, Universidad Austral de Chile. PETROX Refinería de Petróleo, asesor de: Ministerio de Energía y del Medio Ambiente, Santiago Consultores y Medio Ambiente Consultores; El Colegio de México, México; y como consultor para Embajadas de Suiza e Inglaterra, entre otras. Director Ejecutivo de energiainteligente Ltda y Director de Energía y Medio Ambiente de la Fundación Progresa.

Matías Negrete Pincetic´ es Profesor Asistente del Departamento de Ingeniería Eléctrica de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Investigador asociado a la Universidad de California, Berkeley, Estados Unidos. Ph.D. en Ingeniería Eléctrica y M.Sc. en Física de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, Estados Unidos. Ingeniero Civil Electricista y Magister en Física de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Becario Fulbright. Su área de investigación incluye sistemas de energía y potencia, mercados eléctricos, optimización y control estocástico.


Héctor Pulgar Painemal es Profesor Auxiliar del Departamento de Ingeniería Eléctrica de la Universidad Técnica Federico Santa María. Ph.D. en Ingeniería  Eléctrica de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, Estados Unidos. Magister en Ingeniería Eléctrica e Ingeniero Civil Electricista de la Universidad de Concepción. Becario Fulbright. Su área de investigación incluye operación y control de sistemas eléctricos de potencia.




[1] Le Temps, L’Europe face aux défis énergétiques, mercredi 22, mai 2013: “Elle a notamment adopté la stratégie dite 20-20-20 qui consiste à augmenter l’efficacité énergétique de 20%, à introduire des énergies vertes dans la consommation européenne à hauteur de 20% et à réduire les émissions des gaz toxiques provenant des énergies fossiles de 20% à horizon 2020. Cette stratégie a donné des résultats. L’Europe est devenue championne en matière d’économies d’énergie. Elle a réussi à imposer ses standards et à exporter des technologies propres” Según el Presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso.
 
[2] Miguel Márquez, Rolando Miranda y Hernán Frigolet. Energía e Inclusión: Impactos del sostenido aumento de los precios de la energía en los presupuestos familiares. Estudio elaborado para la Secretaría General de la Presidencia de la República, Santiago, abril, 2007. El estudio evaluó el comportamiento de los gastos familiares en energía –derivados del petróleo y electricidad- por quintiles y por macro regiones en el periodo 1996 – 2006. En los quintiles más pobres,  el peso de la energía no sólo aumenta más que en el resto, sino que además, el crecimiento en el costo de la energía no es compensado por el aumento de los ingresos que los sectores vulnerables percibieron en el mismo periodo. En el periodo analizado la participación de la energía en el presupuesto de los quintiles más pobres pasó de un 7% a casi 12 % y hasta un 20% de considerarse la leña. Por el contrario en los sectores más pudientes la participación relativa pasó del 1,2 a 1,8%.
 
[3] “Por su parte, asumiendo la permanencia de los actuales patrones de consumo energético, se estima que las emisiones de CO2 generados por el sector energético de Chile aumenten de 48 millones de toneladas en 2002 a 186 millones en 2030, lo que equivale a un crecimiento del 288% (APERC, 2006)” de los más altos de la Región y del mundo “Seguridad Energética Y Biodiversidad: Elementos Claves Para El Desarrollo Sustentable Y Para Incrementar La Competitividad De Chile”. Centro de Energía y Desarrollo Sustentable, Universidad Diego Portales. Estudio elaborado para el Congreso de la Nación, 2008.
 
[4] Andrés Concha, ex -Presidente de la SOFOFA negaba el cambio climático, abogaba por las centrales térmicas a carbón y refutaba la necesidad de un impuesto al CO2, afirmando en un editorial de El Mercurio del 6 de febrero del 2012 lo siguiente: “Se dice primero que las emisiones de CO 2 son contaminantes, y que por eso habría que gravarlas. Esto, sin duda, es un error. El mundo vegetal vive gracias al CO2, de manera que tan contaminante no puede ser. Sin embargo, se argumenta que las emisiones de CO2, a consecuencia de la actividad humana, han aumentado a tal punto, que están generando el cambio climático en el planeta. Este argumento es cada día más controvertido.”

 

[5] E. Dardati y R. de Elejalde, Universidad Alberto Hurtado, “¿Debemos reducir nuestras emisiones de CO2?” El Mercurio, 30/07/2013.

[6] Bajo las condiciones actuales, se está generando una renta a favor de la generación que va más allá del precio necesario para que se hagan las inversiones, con un obvio costo para el desarrollo del país.  Manuel Cruzat Valdés, Economista de la Pontificia Universidad Católica de Chile y University of Chicago.
 
[7] Tres firmas eléctricas concentran el 80% del mercado en el SIC.  Compañías Endesa, Colbún y Gener son las principales generadoras.  Lo mismo ocurre en el SING”. El Mercurio, 26/06/13.
 
[8] “Diego Hernández: Eléctricas se llevan parte de las utilidades mineras”, El Mercurio, 1/11/12.
 
[9] Pese a Fukushima, a las consecuencias de este grave accidente, los elevados costos de los impactos  que superan con creces el PIB chileno de un año, de la incapacidad de la privada Tepco para asumir y enfrentar sus responsabilidades, la lista de expertos chilenos pronuclear sigue siendo larga, tan larga como preocupante, pues alcanza a Eduardo Bitrán, coordinador del equipo de Energía de la candidata a Presidente Michelle Bachelet: “Con posterioridad al 2020 es necesario considerar la opción nuclear”, señala en, Cambio Climático: Mitigación en Chile, presentación de Eduardo Bitran C. Presidente Consejo Nacional de la Innovación y la Competitividad.  ¿Y antes del 2020?…Hidroaysén afirma. En efecto, el Sr. Bitrán señala en su artículo: “Desarrollo económico y opciones eléctricas: el mal menor”; 13 de mayo, 2011: “Si queremos alcanzar el desarrollo  en los próximos 15 años, tenemos que tomar una decisión y desde mi punto de vista es demasiado costoso  ambientalmente y riesgosos desde la perspectiva de nuestro comercio exterior e imagen, en el debate de cambio climático, jugarse por la opción del carbón, por tanto “el mal menor” es HidroAysén”.  http://www.elmostrador.cl/opinion/2011/05/13/desarrollo-economico-y-opciones-electricas-el-mal-menor/
 
[10] El Informe del CADE (Comisión Asesora para el Desarrollo Eléctrico) que ha asesorado al gobierno del presidente Sebastián Piñera señala textual en relación a centrales nucleares: “En este sentido, un PNP (Programa Nuclear de Potencia) sería un seguro estratégico que permitiría garantizar el suministro de energético sustentable” (p.172. Resumen del Informe Ejecutivo).
 
[11] Susana Jimenez  del equipo de Energía de la Candidata a Presidente Evelyn Matthei, señala el 4 de abril del 2011 en su blog en La Segunda: “…sin embargo, su desarrollo masivo (de las ERNC) es inviable por cuanto se trata, en general, de tecnologías que no son económicamente rentables, ya sea porque exigen altas inversiones, ofrecen una generación inestable y un bajo factor de planta y/o presentan una escala de desarrollo reducida”.
 
[12] Banque Sarasin. La consolidation de l’industrie solaire n’affecte pas sa croissance; Le Temps, mardi 4 Décembre 2012; Suisse.
 
[13] Chile Necesita una Gran Reforma Energética. Comisión Ciudadana Técnico Parlamentaria, Santiago, Octubre del 2011.
 
[14] Ibid. p 66.
 
[15] UFSTM y UCH. “Estimación del aporte potencial de las Energías Renovables No Convencionales y del Uso Eficiente de la Energía Eléctrica al Sistema Interconectado central (SIC) para el periodo 2008-2025”, Santiago, septiembre 2008.
 
[16] “I just don’t see solutions to our biggest energy and environmental problems without a very strong demand-side response, and that’s why it’s logical to focus on energy efficiency.” http://energy.gov/articles/energy-secretary-moniz-promises-focus-energy-efficiency
 
[18] De alrededor de $31 mil millones para el 2010 –mayoritariamente dedicado a la aislación térmica de viviendas- pasó a sólo  3 mil millones en el 2012; Ministerio de Energía, 2012. Países en desarrollo poseen mayores potenciales que países ricos. Es el caso de China, país en el que la eficiencia energética cortó el crecimiento de la demanda de energía en un 70% (1980 – 2001). Desde 2004 es un objetivo estratégico central de la política (china) de desarrollo…su líder Wen Jiabao ha entendido que de otro modo, China no podría sustentar su desarrollo: el suministro de energía se comería el presupuesto; junio 2007, XI Programa Quinquenal del Partido Comunista Chino. http://es.prmob.net/wen-jiabao/uso-eficiente-de-energ%C3%ADa/conservaci%C3%B3n-de-la-energ%C3%ADa-2316719.html
 
[19] Maurer and Barroso, World Bank Report, “Electricity Auctions, An Overview of Efficient Practices, ” 2011 http://www.ifc.org/wps/wcm/connect/8a92fa004aabaa73977bd79e0dc67fc6/Electricity+and+Demand+Side+Auctions.pdf?MOD=AJPERES

lunes, 13 de mayo de 2013


“Si gritan lo devuelvo…”


Los casos son numerosos, abrumadores, indignantes. Las tasas hipotecarias, las tarifas eléctricas, los precios de la bencina, parafina y del diesel, de las alzas en el pago a las isapres, Johnson, del lucro en la educación. Lo arbitrario, lo unilateral, el abuso se ha impuesto y nos ha consagrado, como rehenes. El correlato de todas esas arbitrariedades y constataciones es el sostenido aumento de las rentabilidades de las empresas dueñas del PIB y el IPSA se porta bien.

La concentración económica chilena permite y facilita aquello: dueños de casi todo el PIB chileno -productos y servicios- poseen a la vez los medios de difusión pudiendo de este modo hacer parecer normal, lo anormal, acallar voces, reclamos, verdades, relegando a las redes sociales a cualquier irreverente mirada distinta. En ese contexto no extraña el que la televisión abierta opte por acosar a Cristóbal (Cisarro) y no a Awad o Paulmann.

En tiempos pre-electorales algunos candidatos intentan sugerir con cierto desgano, recuperar el rol de consumidor activo ya que aparentemente, es la solución a los abusos; pero se trata de alivios momentáneos  como son las campañas y propuestas de ciertos candidatos: nada sacas con bajar la tasa de interés (en educación por ej.) pues las controladores del mercado y las instituciones (incluso cuando funcionan!) tienen numerosas opciones para continuar trasgrediendo umbrales económicos, morales y sociales; ya sea alargando plazos o bancarizándote por otros medios como sugieren ejecutivos bancarios. Y si estas otras opciones no resultan, y si alguien grita, pues como se ha hecho costumbre, lo devuelven.

La opción es no sólo recuperar la condición de consumidor activo y responsable sino recuperar nuestro rol de ciudadano. Como se ha logrado a través de marchas contra Hidroaysén o contra el lucro en la educación y cuyas reivindicaciones hemos hecho nuestras. No es un tema de tasa de interés. Hidroaysén no es manera de tratar nuestras cuencas, la Patagonia y la tierra, y peor aún ni siquiera es solución a nuestros problemas energéticos; y la tasa de interés NO conjuga con una educación de oportunidades y republicana.

Es anormal e inaceptable el que los sectores que "entregan" servicios básicos o públicos, sean los "más rentables": electricidad, aguas, salud, telefonía, etc. En el Chile actual si lo es. Se trata de tarifas reguladas por el Estado al menos para el sector residencial, nuestros hogares. Es el caso de la energía en que el aumento de tarifas eléctricas (5,5% al año) y gasolina, parafina, gas licuado y diesel (por sobre el 10% al año) en estos últimos 30 años supera largamente el aumento de los ingresos nominales en el mismo plazo.

La práctica del abuso de parte de los dueños del PIB chileno se ha impuesto como norma con la complicidad de la Alianza y la Concertación. La transversalidad de los directorios de las empresas dueñas del PIB es fiel reflejo de ello. Más allá de campañas pre-electorales, nuestra candidatura plantea que deben cambiarse las reglas del juego para terminar con el "si gritan lo devuelvo", que ha sido la respuesta a décadas de abusos por parte de los sectores económicos dominantes y de políticos cómplices.

Chile es un país generoso. Sin embargo, la codicia y el dogmatismo lo están transformando en una sociedad de mercado benéfica para unos pocos. Lucharemos con todas nuestras fuerzas, para impedir que Chile se transforme en un supermercado, excluyendo a los ciudadanos donde todo pareciera tener un precio o está en venta.

lunes, 8 de abril de 2013


¿Nuevo Ministro de Energía o Energía de última Longueira?

 
Pablo Longueira es el sexto Ministro de Energía de facto en menos de 3 años. Siete en estricto rigor, si agregamos a Marcelo Tokman, miembro del CADE (Comisión Asesora para el Desarrollo Eléctrico) del gobierno actual. Todos comparten un modelo de desarrollo eléctrico que desde el punto de vista energético, de la competitividad, y ni qué decir de la sustentabilidad, clama por su cambio.

Conocido su prontuario privatizador, el nombramiento de Longueira tiene tres propósitos inmediatos: imponer la “agenda eléctrica” de las grandes eléctricas, “reparar” errores técnicos de parte de los fugaces Ministros que se han sentado en el sillón ministerial y, finalmente, amarrar y fortalecer ciertos nichos estratégicos con medidas irreversibles a meses de una próxima elección presidencial.
 
Sólo cabe a ilusos afirmar en este contexto que Chile tiene política energética. O a los francamente comprometidos con el modelo. Con este modelo. El gobierno actual reprueba en energía: Chile es más vulnerable y dependiente, posee una energía cada vez más cara, el aumento de precios de la energía es sostenido y la carga de ésta en los presupuestos familiares y Pymes se acrecienta. Somos menos competitivos según empresarios mineros, los proyectos se judicializan, las cuencas y territorios comienzan a mostrar signos evidentes de agotamiento y el fomento de las opciones sustentables son meros saludos a la bandera.  
 
También en ese contexto, la obscena colusión entre consorcios y cadenas de la prensa nacional (dos) y “expertos” -casi todos del CADE-, de eléctricas o energéticas, resulta grosera e impúdica. Titulares y editoriales de estas cadenas pregonan con ritmo de letanía: cortes de suministro a la vuelta de la esquina; sugerencias de todo tipo voceadas por responsables de megaproyectos; livianas entrevistas a ex - Presidentes de países vecinos involucrados en juicios por corrupción; cuestionamiento a las causas e incluso el fenómeno mismo del cambio climático; lo caras que son las renovables; pomposos anuncios de medidas y eventos relacionados con el uso eficiente de la energía que ni siquiera rasguñan la matriz energética; insistentes prestaciones de técnicos y académicos nacionales a favor del lobby nuclear, y una larga lista de etcéteras, que resultan francamente irritantes, por lo falsas, orquestadas, erróneas y desinformadoras de la realidad energética nacional e internacional.

El nombramiento de Longueira como Ministro de Energía de facto es acorde a las circunstancias: les queda poco y deben amarrar carreteras eléctricas, interconexiones y megaproyectos. Paradójicamente además, lejos de jugarse en el ámbito técnico como siempre han defendido los técnicos y expertos del CADE, de la Alianza y pías Universidades, se la jugarán en el ámbito político –léase Parlamento– relegando al consumidor y al ciudadano a la categoría de rehén al que nos han conferido las reglas del juego de un modelo de desarrollo energético implantado por más de cuatro décadas.
 
Mal, todo mal: la energía de última hora, es cara, impopular e ineficiente, Ministro Longueira. Eso si, la pagaremos todos los que estamos al frente. O sea la mayoría. Las reglas del juego de los mercados energéticos deben ser cambiadas. Y sus Ministros de facto y defensores del modelo también, para beneficio del país, del medio ambiente, de los ciudadanos y, también, de las empresas eléctricas y la industria nacional, pero sobre bases más justas, equitativas y sustentables.

viernes, 7 de diciembre de 2012


Chile un país sin política energética
La urgente necesidad de cambiar las reglas del juego:
nuestra PROpuesta energética

Marco Enríquez- Ominami
Candidato Presidencial del PRO
Miguel Márquez
Asesor en Energía del PRO

(publicada en El Mercurio, domingo 2 de diciembre)

Chile carece de política energética: el rechazo a Hidroaysén, Barrancones, la judicialización del desarrollo eléctrico que denunciamos desde hace años, los 5 ó 6 Ministros en menos de 2 años y gas, el sostenido aumento de las tarifas eléctricas y de los precios de los derivados del petróleo; la declaración de zonas saturadas o latentes en más de una treintena de ciudades, entre la VI a la XI regiones, el aumento de la dependencia y vulnerabilidad de nuestra matriz y, el aporte creciente  de emisiones de CO2 al cambio climático, son parte de una larga lista de hechos que dan cuenta de la ausencia de política energética y de propuesta estratégica alguna. Esta falta de política energética no se transforma en colapso cada 4 años porque el costo de éstas las pagan las Pymes, la gente y el medio ambiente. El marco regulatorio, heredado de la dictadura y prácticamente inalterado durante los gobiernos democráticos, se ha encargado de consolidar(nos) como rehenes en lugar de consumidores o ciudadanos.

 
Proponemos: cambiar el más vendo más gano hoy imperante por el mejor usamos la energía más ganamos todos, cambiar el tarifado y procesos de formación de precios de la energía (incluyendo el SIPCO), el masivo fomento de las energías renovables (a diferencia del actual gobierno que desconoció sus propuestas iniciales del 20% a 2020), cambiar los métodos de evaluación ambiental de los megaproyectos energéticos, sentar las bases para un cambio de la matriz energética, sucia y cara, por otra limpia y menos vulnerable, y, finalmente, fomentar una participación informada de la gente en la toma de decisiones respecto de éstos. En suma, proponemos cambiar las reglas del juego de los mercados energéticos, única opción de enfrentar adecuada y oportunamente los desafíos energéticos, ambientales y de competitividad.

Nuestra propuesta tiene los siguientes objetivos: i) asegurar un abastecimiento oportuno y a costos razonables; ii) reducir la vulnerabilidad y dependencia; iii) mejorar la competitividad; iv) incluir y considerar los impactos ambientales en los precios de la energía; v) transparentar mercados energéticos y fomentar la competencia; vi) contribuir a la equidad y facilitar el acceso a la energía a los sectores desfavorecidos de la población, vii) estimular y fomentar la participación informada de la gente, y finalmente, viii) asegurar liderazgo del Estado y establecer una mayor simetría y coordinación entre políticas económicas, ambientales y energéticas.

Para el logro de estos objetivos destacamos las siguientes medidas:
1.                  Negawatts o Negajulios, más con menos: será punta de lanza de nuestra política energética, el uso eficiente de la energía y las energías limpias y verdes, de las que destacan la gestión de la demanda y especialmente las medidas de carácter estructural que apuntan al cambio en los patrones de consumo energético.
2.                    Suministro de energía seguro basado en energías convencionales y no convencionales:se establecerán los instrumentos de mercado y de política de fomento para asegurar la transición de una matriz sucia, cara y dependiente en el suministro de energía de fuentes convencionales a nuevas fuentes de energía que nos permitan instalar una matriz limpia y a costos razonables. Un 30% de la matriz energética al 2025 estará basada en energías renovables.
3.                  Programa de Leña Sustentable: que cubrirá al 2025 la mayor parte de los requerimientos de calefacción y agua caliente de las regiones VI a la XI. En 4 años lograremos desarrollar modelos de gestión de la calefacción y del agua caliente que permitirá sacar a la mayor parte de las ciudades y localidades declaradas zonas saturadas o latentes por partícula fina y gruesa derivado del uso de leña húmeda y de estufas ineficientes en viviendas mal aisladas.

4.                  Programa de Transporte  Sustentable: Nuestro foco estará puesto en el transporte público de la RM y de provincias. Al 2030, el transporte será el sector responsable del 40% del consumo de energía y nadie en Chile evalúa de manera rigurosa las opciones que tenemos, por ello sentaremos las bases  para el desarrollo de un sistema de transporte sustentable, fomentando proyectos pilotos a partir de nuevas tecnologías, modelos de gestión y de negocios, a partir de nuevas fuentes de energía, como el hidrógeno, así como la adopción de instrumentos de desarrollo urbano y espacial que considere la energía y el medio ambiente en los sistemas de transporte público y privado.

5.                  ENAE: Impulsaremos la creación de la Empresa Nacional de Energía que tendrá como objetivo esencial “abrir” mercados y desarrollar nuevas tecnologías y fuentes de energía para luego estimular la entrada de privados (Pymes).

6.                  Investigación y Desarrollo (I&D):  instalaremos condiciones sin precedentes para mejorar, crear y desarrollar nuevas fuentes de energía y nuevos materiales, nuevas miradas y nuevos modelos de negocios, mejores y más transparentes mercados así como personal científico y técnico para el desarrollo de estas nuevas opciones.

La experiencia a nivel mundial, en especial de los países de la OCDE, dan cuenta que las verdaderas y más eficientes respuestas a los desafíos energéticos y ambientales no se encuentran necesariamente en una mayor oferta de energía, sino en el tipo de ciudades que alentamos erigir, en las construcciones térmicamente eficiente que propiciaremos, así como los cambios de procesos que fomentaremos a nivel industrial y minero. No habrá cambios en las reglas del juego en los mercados energéticos nacionales sin cambio de responsables de la política energética que luego de más de 40 años, han sido incapaces de asumir responsablemente los desafíos ambientales, de desarrollo, de equidad y de competitividad que reclama una energía limpia, accesible, segura y de costos razonables.

miércoles, 31 de octubre de 2012

Matías colabora desde hace poco como investigador en la Universidad de California, Berkeley, y obtuvo su Phd hace sólo semanas. El presente artículo sólo duró un día en la sección blog de la Tercera, coincidiendo con un segundo editorial en ese diario favorable a esta (n)opción.
 

CHILE Y LA OPCION NUCLEAR

 
Matias Negrete-Pincetic,

Ph.D. en Ingeniería Eléctrica,

University of Illinois at Urbana-Champaign

Investigador, University of California, Berkeley.


Sumado a una seguidilla de desafortunadas decisiones tomadas por el actual gobierno en temas energéticos: modificar la promesa de tener una meta para ERNC de 20% a 10% al 2020, reducir el presupuesto de la agencia de eficiencia energética, y proponer un plan para el desarrollo eléctrico sin objetivo estratégico concreto, se suma el anuncio de retomar los estudios para implementar la energía nuclear para la generación de electricidad en Chile.

Este anuncio ha sido recibido con aplausos por diversos sectores que siempre han presentandola idea de una planta nuclear en Chile como una de las posibles soluciones a todos nuestros problemas eléctricos. Lla atención la simplicidad y falta de humildad con que se emiten opiniones en un tema tan complejo como este que va mucho más allá del simple suministro eléctrico.


Mientras lo anterior sucede en Chile, el mundo está claramente moviéndose en otra dirección. En el caso particular de la energía nuclear, países como Alemania, Suiza, Bélgica e incluso Japón han entrado en una fase de reducción de su dependencia nuclear. En el caso alemán, por ejemplo, el objetivo impuesto es cerrar todas las plantas el 2022. De igual manera, la planificación y diseño de los sistemas eléctricos y de energía está sufriendo grandes cambios en sus paradigmasmoviéndose desde la idea de grandes plantas y generadores al nivel de transmisión, a generación distribuida, más cercana a los centros de carga y situada al nivel de la distribución; donde la aplicación de tecnologías de la información permitirán un control en tiempo real, haciendo más eficiente la operación e integración de fuentes renovables y sustentables. La implementación de estas tecnologías en el mundo industrializado ha hecho posible el surgimiento natural de nuevos modelos de negocios, donde por ejemplo, la participación activa de la demanda se incentiva y se fomenta.


En Chile, sin embargo, la opción continúa siendo la construcción de mega-centrales de todo tipo y en particular ahora nucleares, como la gran  solución a nuestros problemas energéticos. De paso, seguir con un diseño de mercado enfocado principalmente en la oferta, generando el perverso incentivo de “mientras más vendo, más gano. El “mejor usamos la energía, más ganamos todos” no es algo incentivado en el actual modelo.


Los argumentos del porqué nuestro país no debiese considerar la energía nuclear son múltiples. Sin embargo, una de las razones más simples, pero a la vez profundas, esta basada en lo complicado de cuantificar el riesgo real de falla de un sistema altamente complejo como una planta nuclear, instalado en el país más sísmico del mundo.Muchos pregonan un falso estado de seguridad, usando “estadísticas” y análisis de riesgo disponibles como justificación. Sin embargo, es necesario mencionar, que expertos en el área de análisis de riesgo debaten incluso en la actualidad acerca de la real validez de dichos estudios, y el especial cuidado que hay que tener al interpretarlos.

 
Análisis de desempeño o riesgo usando modelos probabilísticos son generalmente buenas herramientas cuando estamos lidiando con incertezas, costos y beneficios relacionados a eventos frecuentes: tráfico en redes, colas en un banco, llegadas y salidas de buses, consumos eléctricos, etc.Sin embargo, en el terreno de eventos con bajísima tasa de ocurrencia, donde no solo las incertezas sino que también la ignorancia está muchas veces presente (ni siquiera sabemos que no sabemos), la obtención de los elementos necesarios para realizar dichos análisis es prácticamente imposible, resultando en que cualquier análisis probabilístico o de riesgo en estas circunstancias sea bastante cercano a un ejercicio de clarividencia.

 
Pero, ni siquiera es necesario pensar en un escenario catastrófico tipo Fukushima o Chernobyl, para evidenciar los riesgos de una planta nuclear en Chile. Hay argumentos asociados con la seguridad de suministro, la operación de los sistemas eléctricos, y la viabilidad económica que deben ser considerados e entregados a la opinión pública.


Lo que la evidencia empírica muestra es que la mayoría de las veces que las plantas nucleares han sido expuestas a sismos de importancia han tenido problemas. Estos problemas no significan grandes accidentes o catástrofes, sólo que la planta al ser un sistema altamente complejo, queda fuera de operación por un largo tiempo. Ya Japón tuvo serios problemas en un recinto nuclear con un sismo 6,6 hace unos años. Dicho complejo estuvo fuera de servicio alrededor de 2 años. ¿Acaso alguno de los que apuestan con tener plantas nucleares en Chile, han considerado lo poco robusto y confiable que sería el sistema eléctrico en esas condiciones?¿Que pasaría en un sistema de escala tan reducida como el chilenosi dejamos fuera de servicio por varios años plantas de gran capacidad, sacando grandes bloques de suministro por largo tiempo? ¿Quién se haría cargo de la crisis energética que eso produciría? ¿Y de tales costos?


Todos los argumentos anteriores, se suman a otros ampliamente reconocidos: los casi inmanejables costos de inversión los cuales la mayoría de las veces sobrepasan en varias veces las estimaciones iniciales, el manejo de residuos que exige vigilancia a perpetuidad, el perfil estratégico militar que eventualmente esta opción pudiese tener, el impacto de ser un país nuclear” en otras industrias como la agroalimentaria, y finalmente la dependencia en tecnologías, infraestructura de manejo de crisis y suministro de combustible que Chile no dispone.


¿Realmente queremos como país embarcarnos en una tecnología de estas características, desacoplada de la tendencia en sistemas de energía, cara, riesgosa y ciertamente no sustentable?
 

Muchos dirán, pero son solamente estudios!, no debemos cerrarnos a estudiar. Esto es, en general, verdad. Sin embargo, en este caso en particular, ¿No es acaso mucho más sensato enfocar los escasos recursos que el país invierte en investigación y desarrollo, y destinarlos al desarrollo de tecnologías sustentables, cada vez más competitivas, donde Chile tiene realmente todo un potencial esperando ser desarrollado? ¿No es el problema energético de Chile también una gran oportunidad para empezar a desarrollar una industria avanzada y aspirar a ser líderes en el desarrollo de conocimiento, tecnologías y modelos de negocios asociados a estas materias? Lo que el gobierno decida hoy en materia energética tendrá repercusiones en el desarrollo energético e industrial de Chile por varias décadas. Esperemos, y es bueno ser optimistas, que puedan estar a la altura.



 
 


 

jueves, 20 de septiembre de 2012

Del 20% al 10% de energía renovables al 2020: Chile no inventa, ni siquiera reinventa, sólo retrocede…y unos cuantos mienten.

Con este cambio brutal de objetivos los responsables directos e indirectos de las políticas eléctricas, desconocen promesas y ocultan sus propias ineficiencias. Los tiene  sin cuidado. Total controlan los medios. Y no es la primera ni será la última vez de parte de un gobierno en estas últimas tres décadas. Así se incuba la indignación.

El 1° de los ministros de Energía de este gobierno, Rainieri, y el 4° de esta dinastía, Álvarez, refrendaron explícitamente sendos compromisos respecto de impulsar un 20% de energías renovables en la matriz eléctrica al 2020. No podía ser de otro modo pues en campaña presidencial así lo prometían: “…uno de los objetivos de nuestro Programa de Gobierno es aspirar a que al año 2020 más del 20% de la matriz eléctrica chilena derive de las energías renovables, limpias no convencionales” (Programa de Gobierno para el Cambio el Futuro y la Esperanza, 2010 – 2014, p49).

Mientras los chilenos celebraban fiestas patrias, ese compromiso fue disminuido a un 10%. Golborne, el 3° de 5 ministros de Energía en dos años, ya antes sugería bajar esa meta “y ser realistas” porque “las renovables eran más caras”. Eso no le impedía el 2011 –si de opciones caras se trata- lanzar premonitorias necesidades de suministro eléctrico basadas en la opción nuclear y considerarla como una de las opciones a fomentar en Chile. Días antes de Fukushima por supuesto.

¿Qué es más grave? ¿Que no se cumpla las promesas de campaña? ¿Qué se mienta? ¿Qué se confiesen propias ineficiencia? ¿Que Chile sea más dependiente, más vulnerable y compre la energía (y venda a sus ciudadanos) cada vez más cara?

Es probable que en el campo de la energía, confundido con el tema ambiental, por razones ciertas y objetivas, pero ambiguas, y que desorienta la acción política y programática, no exista en estos años mayor regresión desde el punto de vista de la política pública y de la necesaria mirada de futuro de las políticas de Estado.

Reemplazadas éstas por las imposiciones de rentabilidad de las empresas, eléctricas, gaseras, del petróleo y de las mineras, se impone el corto plazo en desmedro de las verdaderas opciones. Se posterga la investigación y desarrollo en nuevas tecnologías; se desconocen las necesidades de cambiar los modelos de negocios, las reglas de mercado y lo que es peor simplemente se desdeñan las opciones que derivan de políticas energéticas de largo plazo, menos onerosas, más conscientes de la necesidad de cuidar nuestros ecosistemas, mares, cuencas y de la calidad del aire de nuestras ciudades.

Sin pudor alguno se cambian promesas de campaña. La respuesta a las preguntas hechas más arriba es una sola: es grave que no se cumplan las promesas e igual de grave que apuesten por un Chile más dependiente, más vulnerable, menos competitivo y tengamos que pagar tales errores y falta de visión por varias generaciones.